jueves, 3 de noviembre de 2011

ALGUNOS CONCEPTOS BÁSICOS SOBRE MALTRATO INFANTIL

El maltrato a los niños es un problema universal que ha existido desde tiempos remotos, sin embargo es en el siglo XX con la declaración de los derechos del niño (O.N.U. 1959), cuando se le considera como un delito y un problema de profundas repercusiones psicológicas, sociales, éticas, legales y médicas.

La investigación norteamericana sitúa el comienzo de la sensibilización mundial cuando investigadores como Kempe, Silverman, Steele, y otros, en 1962 etiquetaron el llamado Sindrome del niño maltratado.

Definición y clasificación del maltrato infantil

 

No existe una definición única de maltrato infantil, ni una delimitación clara y precisa de sus expresiones. Sin embargo, lo más aceptado como definición es todas aquellas acciones que van en contra de un adecuado desarrollo físico, cognitivo y emocional del niño, cometidas por personas, instituciones o la propia sociedad. Ello supone la existencia de un maltrato físico, negligencia, maltrato psicológico o un abuso sexual. (NCCAN, 1988). Esta definición está en concordancia con la existente en el manual de psiquiatría DSM-IV.

1. El maltrato físico

 

Este tipo de maltrato abarca una serie de actos perpetrados utilizando la fuerza física de modo inapropiado y excesivo. Es decir, es aquel conjunto de acciones no accidentales ocasionados por adultos (padres, tutores, maestros, etc.), que originan en el niño un daño físico o enfermedad manifiesta. Aquí se incluyen golpes, arañazos, fracturas, pinchazos, quemaduras, mordeduras, sacudidas violentas, etc.

2. La negligencia o abandono

 

La negligencia es una falta de responsabilidad parental que ocasiona una omisión ante aquellas necesidades para su supervivencia y que no son satisfechas temporal o permanentemente por los padres, cuidadores o tutores. Comprende una vigilancia deficiente, descuido, privación de alimentos, incumplimiento de tratamiento médico, impedimento a la educación, etc.

3. El maltrato emocional

 

Es aquel conjunto de manifestaciones crónicas, persistentes y muy destructivas que amenazan el normal desarrollo psicológico del niño. Estas conductas comprenden insultos, desprecios, rechazos, indiferencia, confinamientos, amenazas, en fin, toda clase de hostilidad verbal hacia el niño. Este tipo de maltrato, ocasiona que en los primeros años del niño, éste no pueda desarrollar adecuadamente el apego, y en los años posteriores se sienta excluido del ambiente familiar y social, afectando su autoestima y sus habilidades sociales.

4. El abuso sexual

 

Es uno de los tipos de maltrato que implica mayores dificultades a la hora de estudiar. Consiste en aquellas relaciones sexuales, que mantiene un niño o una niña (menor de 18 años) con un adulto o con un niño de más edad, para las que no está preparado evolutivamente y en las cuales se establece una relación de sometimiento, poder y autoridad sobre la víctima.

Las formas más comunes de abuso sexual son: el incesto, la violación, la vejación y la explotación sexual. También incluye la solicitud indecente sin contacto físico o seducción verbal explícita, la realización de acto sexual o masturbación en presencia de un niño y la exposición de órganos sexuales a un niño.

El maltratador habitualmente es un hombre (padre, padrastro, otro familiar, compañero sentimental de la madre u otro varón conocido de la familia). Raramente es la madre, cuidadora u otra mujer conocida por el niño.

Otro tipo de maltrato infantil es el llamado Sindrome de Münchausen por poderes, consiste en inventar una enfermedad en el niño o producirla por la administración de sustancias y medicamentos no prescritos.

Generalmente se trata de un niño en la edad de lactante-preescolar (edad media de 3 años). Los signos y síntomas aparecen solamente en presencia de la madre (habitualmente el perpetrador del abuso), son de causa inexplicable y los exámenes complementarios no aclaran el diagnóstico. Este sindrome presenta una mortalidad entre 10-20%, y su impacto a largo plazo puede dar lugar a desórdenes psicológicos, emocionales y conductuales.

Además se debe incluir el maltrato prenatal, definido como aquellas circunstancias de vida de la madre, siempre que exista voluntariedad o negligencia, que influyen negativa y patológicamente en el embarazo, parto y repercuten en el feto. Tales como: rechazo del embarazo, falta de control y seguimiento médico del embarazo, negligencia personal en la alimentación e higiene, medicaciones excesivas o no prescritas, consumo de alcohol, drogas y tabaco, exposición a radiaciones, y otras.

En los últimos tiempos se habla de maltrato institucional, que consiste en cualquier legislación, programa o procedimiento, ya sea por acción o por omisión, procedente de poderes públicos o privados, por profesionales al amparo de la institución, que vulnere los derechos básicos del menor, con o sin contacto directo con el niño.

Cada uno de estos tipos de maltrato infantil presentan indicadores físicos y conductuales en el menor maltratado, así como indicadores conductuales y actitudes del maltratador, lo cual ayuda en su diagnóstico.

Las causas del maltrato infantil

 

Los estudiosos del tema del maltrato infantil han tratado de explicar su aparición y mantenimiento utilizando diversos modelos, así tenemos: el modelo sociológico, que considera que el abandono físico es consecuencia de situaciones de carencia económica o de situaciones de aislamiento social (Wolock y Horowitz, 1984); el modelo cognitivo, que lo entiende como una situación de desprotección que se produce como consecuencia de distorsiones cognitivas, expectativas y percepciones inadecuadas de los progenitores/cuidadores en relación a los menores a su cargo (Larrance, 1983); el modelo psiquiátrico, que considera que el maltrato infantil es consecuencia de la existencia de psicopatología en los padres (Polansky, 1985); el modelo del procesamiento de la información, que plantea la existencia de un estilo peculiar de procesamiento en las familias con menores en situación de abandono físico o negligencia infantil (Crittender, 1993); y por último el modelo de afrontamiento del estrés, que hace referencia a la forma de evaluar y percibir las situaciones y/o sucesos estresantes por parte de estas familias (Hilson y Kuiper, 1994).

En la actualidad el modelo etiopatogénico que mejor explica el maltrato infantil, es el modelo integral del maltrato infantil. Este modelo considera la existencia de diferentes niveles ecológicos que están encajados unos dentro de otros interactuando en una dimensión temporal. Existen en este modelo factores compensatorios que actuarían según un modelo de afrontamiento, impidiendo que los factores estresores que se producen en las familias desencadenen una respuesta agresiva hacia sus miembros. La progresiva disminución de los factores compensatorios podría explicar la espiral de violencia intrafamiliar que se produce en el fenómeno del maltrato infantil. Entre los factores compensatorios se señalan: armonía marital, planificación familiar, satisfacción personal, escasos sucesos vitales estresantes, intervenciones terapéuticas familiares, apego materno/paterno al hijo, apoyo social, buena condición financiera, acceso a programas sanitarios adecuados, etc. Entre los factores estresores se cuentan: historia familiar de abuso, disarmonía familiar, baja autoestima, trastornos físicos y psíquicos en los padres, farmacodependencia, hijos no deseados, padre no biológico, madre no protectora, ausencia de control prenatal, desempleo, bajo nivel social y económico, promiscuidad, etc.

Consecuencias del maltrato infantil

 

Independientemente de las secuelas físicas que desencadena directamente la agresión producida por el abuso físico o sexual, todos los tipos de maltrato infantil dan lugar a trastornos conductuales, emocionales y sociales. La importancia, severidad y cronicidad de las estas secuelas depende de:
  • Intensidad y frecuencia del maltrato.
  • Características del niño (edad, sexo, susceptibilidad, temperamento, habilidades sociales, etc).
  • El uso o no de la violencia física.
  • Relación del niño con el agresor.
  • Apoyo intrafamiliar a la víctima infantil.
  • Acceso y competencia de los servicios de ayuda médica, psicológica y social.
En los primeros momentos del desarrollo evolutivo se observan repercusiones negativas en las capacidades relacionales de apego y en la autoestima del niño. Así como pesadillas y problemas del sueño, cambios de hábitos de comida, pérdidas del control de esfínteres, deficiencias psicomotoras, trastornos psicosomáticos.

En escolares y adolescentes encontramos: fugas del hogar, conductas autolesivas, hiperactividad o aislamiento, bajo rendimiento académico, deficiencias intelectuales, fracaso escolar, trastorno disociativo de identidad, delincuencia juvenil, consumo de drogas y alcohol, miedo generalizado, depresión, rechazo al propio cuerpo, culpa y vergüenza, agresividad, problemas de relación interpersonal.

Diversos estudios señalan que el maltrato continúa de una generación a la siguiente. De forma que un niño maltratado tiene alto riesgo de ser perpetuador de maltrato en la etapa adulta.

Prevención del maltrato infantil y actuación del pediatra

 

Los pediatras, al ser los profesionales de salud que están en mayor contacto con los niños, son los llamados a realizar la prevención del maltrato infantil, además de establecer diagnósticos y junto con un equipo multidisciplinario colaborar en su tratamiento.

Los pediatras se encuentran en una posición favorable para detectar niños en situación de riesgo (sobre todo en menores de 5 años, la población más vulnerable), a partir de esta edad los maestros comienzan a tener un papel principal en la prevención y diagnóstico.

La prevención del maltrato infantil se establece en tres niveles:

Prevención Primaria: dirigida a la población general con el objetivo de evitar la presencia de factores estresores o de riesgo y potenciar los factores protectores del maltrato infantil.
Se incluyen:
  • Sensibilización y formación de profesionales de atención al menor.
  • Intervenir en la psicoprofilaxis obstétrica (preparación al parto).
    Intervenir en las escuelas para padres, promoviendo valores de estima hacia la infancia, la mujer y la paternidad.
  • Prevenir el embarazo no deseado, principalmente en mujeres jóvenes, mediante la educación sexual en centros escolares y asistenciales.
  • Búsqueda sistemática de factores de riesgo en las consultas de niño sano. Así como evaluar la calidad del vínculo afectivo padres-hijos, los cuidados del niño, actitud de los padres en la aplicación del binomio autoridad-afecto.
  • Intervenir en las consultas y exponer los derechos de los niños y la inconveniencia de los castigos físicos. Ofrecer la alternativa de la aplicación del castigo conductual.
  • Identificar los valores y fortalezas de los padres, reforzando su autoestima.

Prevención Secundaria: dirigida a la población de riesgo con el objetivo de realizar un diagnóstico temprano y un tratamiento inmediato. Atenuar los factores de riesgo presentes y potenciar los factores protectores.
Se incluyen:
  • Reconocer situaciones de maltrato infantil, estableciendo estrategias de tratamiento.
  • Reconocer situaciones de violencia doméstica o de abuso a la mujer y buscar soluciones.
  • Reconocer las conductas paternas de maltrato físico o emocional, considerando la remisión de la familia a una ayuda especializada en el manejo de la ira y la frustración.
  • Remitir a centros de salud mental a padres con adicción a alcohol y drogas.

Prevención Terciaria: consiste en la rehabilitación del maltrato infantil, tanto para los menores víctimas como para los maltratadores. Para ello se debe disponer de un equipo interdisciplinario (pediatras, psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, orientadores familiares, terapeutas, jueces de menores, cuerpos policiales, etc.).

EL MALTRATO INFANTIL ES UN PROBLEMA DE TODOS.


Dr. Eduardo R. Hernández González

Pediatra y Terapeuta de la Conducta Infantil

miércoles, 2 de noviembre de 2011

CONSECUENCIAS DEL MALTRATO: LOS TRAUMAS PASADOS PODRÍAN CONTRIBUIR A UN TRASTORNO INTESTINAL

Muchas personas que tienen síndrome del intestino irritable han sufrido eventos estresantes durante varios años, halla un estudio.
 

Robert Preidt
Traducido del inglés: lunes, 31 de octubre, 2011
Imagen de noticias HealthDay
 
LUNES, 31 de octubre (HealthDay News) -- Los eventos psicológicos y emocionales importantes experimentados durante toda la vida podrían contribuir al desarrollo del síndrome del intestino irritable (SII), según un estudio reciente.

Los investigadores observaron a 2,623 personas y hallaron que los traumas psicológicos y emocionales, como el divorcio, la muerte de un ser querido, un fuego en la vivienda, un accidente de coche y el abuso mental o físico, eran más comunes entre los adultos que sufrían SII que entre los que no.

La Dra. Yuri Saito-Loftus, de la Clínica Mayo en Rochester, Minnesota, presentará los hallazgos el lunes en la reunión científica anual del Colegio Americano de Gastroenterología (American College of Gastroenterology, ACG) en Washington, D.C.

"Aunque el estrés se ha relacionado con el SII, y se ha reportado que hasta el 50 por ciento de los pacientes de SII han sufrido de abuso infantil, una prevalencia que es del doble frente a la de los pacientes que no tienen SII, la mayoría de los estudios sobre los abusos se han enfocado en el abuso sexual con poco detalle, y tampoco han observado otras formas de trauma psicológico", señaló Saito-Loftus en un comunicado de prensa del ACG.

"Este es el primer estudio que observa formas múltiples del trauma, el momento en que ocurren, y los traumas en un ámbito familiar", añadió.

Se cree que el SII, que se caracteriza por incomodidad abdominal, inflamación, estreñimiento y diarrea, es causado por cambios en los nervios y los músculos que controlan la sensación y la motilidad en el intestino. Se calcula que la dolencia afecta a entre 10 y 15 por ciento de los adultos de EE. UU., con mayor frecuencia a las mujeres que a los hombres, pero apenas alrededor de la mitad han sido diagnosticados con SII, señalaron los investigadores.
El trauma psicológico y emocional podría sensibilizar cerebro e intestinos, y es importante que médicos y pacientes comprendan la relación potencial entre las experiencias traumáticas anteriores y el SII, comentó Saito-Loftus en el comunicado de prensa.

También es importante no subestimar el rol del estrés en los síntomas del SII, enfatizó Saito-Loftus.

"Alguien que piense que ha afrontado experiencias traumáticas con éxito solo y siga sufriendo de síntomas de SII debe ser animado a explorar una evaluación y tratamiento profesionales para las experiencias vitales traumáticas", dijo Saito-Loftus.

Las investigaciones presentadas en reuniones se deben considerar preliminares hasta que se publican en una revista médica revisada por profesionales.

Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
FUENTE: American College of Gastroenterology, news release, Oct. 28, 2011
HealthDay

martes, 1 de noviembre de 2011

RAFALITO, UN HOMBRE BUENO Y ENCANTADOR EN LA CALLE, UN MONSTRUO MALTRATADOR EN CASA

No se me ocurre una forma mejor de inaugurar este blog, que presentando a Rafael G. P. (1943-1997), mi padre, un sujeto que nos arruinó la vida a mi madre y a mí ejerciendo lo que hoy se llama violencia doméstica, pero que por aquellos años nadie reconocía y todavía hoy hay quien no reconoce.

Rafael, o Rafalito como lo llamaban algunos o él mismo se hacía llamar algunas veces dándoselas de buena gente, era un egoista irresponsable que apenas trabajó durante su vida y que se pasaba el día de bar en bar bebiendo y fumando, gastando sin control el poco dinero que mi madre ganaba con mucho esfuerzo cosiendo más de 12 horas diarias los siete días de la semana.

En la calle daba la imagen de ser un hombre encantador y una buena persona, pero cuando volvía a casa la realidad era otra completamente distinta. Aunque nunca nos puso una mano encima, durante toda su vida nos sometió a mi madre y a mí a insultos, amenazas, vejaciones, violencia sobre objetos y aislamiento familiar y social. Nos prohibía relacionarnos o tener contacto con otras personas, ya fueran familiares o no. Nos consideraba de su propiedad y como objetos de su propiedad nos trataba.

Tras su muerte, a consecuencia del alcoholismo y del abuso del tabaco, mi madre y yo hemos ido rehaciendo nuestras vidas, pero nos han quedado graves secuelas psicológicas por el maltrato sufrido y por las situaciones límite que nos tocó vivir.

He tenido que contar la historia de mi vida a psiquiatras, psicólogos, abogados, sacerdotes, pero hasta ahora no me había atrevido a contarla al público. Hace ya varios años que venía gestando la idea de escribir un libro, pero creo que a través del blog podré llegar a un mayor número de personas. Si mis aportaciones son capaces de ayudar aunque sea a una sola persona, me sentiré feliz de haber sido útil.